Desde el pasado día 24 de febrero y hasta el 12 de junio del 2011 en la Galeria Nacional de Arte Moderno de Roma se ha presentado la excposición dedicada a la relación entre el siglo XIX británico y el arte y la cultura italiana, de "el sabor de lo primitivo" hasta el siglo XVI, comenzando por los inspirados paisajes de Italia de William Turner, a través del estudio de John Ruskin en la pintura italiana, monumentos y la arquitectura.
El núcleo de la exposición en Roma incluye los prerrafaelistas Dante Gabriel Rossetti, Edward Burne-Jones y William Morris. Explora la particular versión del clasicismo operado por artistas como Frederic Leighton y representantes de la cultura estética simbolista o como Albert Moore, George F. Watts y John William Waterhouse.
Una gran ocasión para ver a Burne-Jones, Dante G. Rossetti, William Morris y otros pintores muy interesantes.
A converted british family sheltering a christian priest from the persecution of the druids(1850)
"Familia inglesa de conversos protegiendo de los druidas a un sacerdote cristiano" pertenece a la primera época del grupo Prerrafaelita, a cuyos objetivos originales William Holman Hunt siempre se mantuvo fiel, tiempos en que era criticado con inquina por la prensa. Las obras de Holman Hunt de una marcada finalidad moral, se caracterizaban por su escrupulosa atención al detalle. Este cuadro surgió de un concurso de la Royal Academy sobre el tema "Actos de misericordia". La limitación de tamaño impuesta por la Royal Academy resultó excesiva y acabo comprando la obra Thomas Combe, uno de los principales clientes de los Prerrafaelitas. El cuadro de Hunt muestra muchas referencias simbólicas, la postura del misionero recuerda la de Cristo descendiendo de la cruz y las jóvenes que lo cuidan llevan una rama de espino y una esponja, que igualmente salen en la Pasión. El cuenco de agua de la izquierda simboliza el rito del bautismo. Detrás dos niños exprimen uvas en un vaso, referencia a la Eucaristía. Al fondo de la choza hay un altar compuesto por una cruz pintada y una lámpara colgante.
Esta tela representa una escena al aire libre. La estética es prerrafaelista. Los personajes van elegantemente vestidos. Enseguida se ve que algún asunto misterioso se cierne en el ambiente. Lindsay Windus pone a sus personajes en un jardín silvestre de un amigo suyo, al fondo se divisan las colinas de Gales. La gran profundidad que ofrece la composición no resta protagonismo a la escena representada en primer plano. Está inspirada en un poema de Aldred Tennyson titulado “No vengas cuando muera”. La obra muestra a una mujer de aspecto moribundo y frágil, destrozada por el amor, el regreso tardío del amante que cubre su rostro con el brazo como señal de lástima y quizá de remordimientos por su tardanza y engaño. Los deseos insatisfechos de la mujer de compartir tiempo con su amante se han desvanecido, ya tan solo le queda la enfermedad y la liberación por medio de la muerte.
Demasiado tarde (Too late) 1858
No vengas cuando cuando muera Come not when I am dead, Lord Alfred Tennyson.
No vengas cuando esté muerto a derramar inocentes lágrimas sobre mi tumba, a pisotear alrededor de mi cabeza caída.
Atormentar el infame polvo no nos salvará; deja que el viento me acaricie y que las aves me lloren, Pero tú, aléjate.
Niña, si esto fuera un error o un crímen, poco me importa, siendo mi existencia maldita: Enlaza tu mano con quien desees, pues cansado estoy del Tiempo, y mi único anhelo es descansar.
Pasa, corazón débil, y abandona este lecho de tierra. Aléjate, no retornes jamás.
A ambos lados del río se despliegan sembrados de cebada y de centeno que visten la meseta y el cielo tocan; y corre junto al campo la calzada que va hasta Camelot la de las torres; y va la gente en idas y venidas, donde los lirios crecen contemplando, en torno de la isla de allí abajo, la isla de Shalott.
El sauce palidece, tiembla el álamo, cae en sombras la brisa, y se estremece en esa ola que corre sin cesar a orillas de la isla por el río que fluye descendiendo a Camelot. Cuatro muros y cuatro torres grises dominan un lugar lleno de flores, y en la isla silenciosa vive oculta la Dama de Shalott.
Junto al margen velado por los sauces deslízanse tiradas las gabarras por morosos caballos. Sin saludos, pasa como volando la falúa, con su vela de seda a Camelot: mas, ¿ quién la ha visto hacer un ademán o la ha visto asomada a la ventana? ¿O es que es conocida en todo el reino, la Dama de Shalott?
Sólo al amanecer, los segadores que siegan las espigas de cebada escuchan la canción que trae el eco del río que serpea, transparente, y que va a Camelot la de las torres. Y con la luna, el segador cansado, que apila las gavillas en la tierra, susurra al escucharla: «Ésa es el hada, la Dama de Shalott».
II
Allí está ella, que teje noche y día una mágica tela de colores. Ha escuchado un susurro que le anuncia que alguna horrible maldición le aguarda si mira en dirección a Camelot. No sabe qué será el encantamiento, y así sigue tejiendo sin parar, y ya sólo de eso se preocupa la Dama de Shalott.
Y moviéndose en un límpido espejo que está delante de ella todo el año, se aparecen del mundo las tinieblas. Allí ve la cercana carretera que abajo serpea hasta Camelot: allí gira del río el remolino, y allí los más cerriles aldeanos y las capas encarnadas de las mozas pasan junto a Shalott.
A veces, un tropel de damiselas, un abad tendido en almohadones, un zagal con el pelo ensortijado, o un paje con vestido carmesí van hacia Camelot la de las torres. Y alguna vez, en el azul espejo, cabalgan dos a dos los caballeros: no tiene caballero que la sirva la Dama de Shalott.
Pero aún ella goza cuando teje las mágicas visiones del espejo: a menudo en las noches silenciosas un funeral con velas y penachos con su música iba a Camelot; o cuando estaba la luna en el cielo venían dos amantes ya casados. «Harta estoy de tinieblas», se decía la Dama de Shalott.
III
A un tiro de flecha de su alero cabalgaba él en medio de las mieses: venía el sol brillando entre las hojas, llameando en las broncíneas grebas del audaz y valiente Lanzarote. Un cruzado por siempre de rodillas ante una dama fulgía en su escudo por los remotos campos amarillos cercanos a Shalott.
Lucía libre la enjoyada brida como un ramal de estrellas que se ve prendido de la áurea galaxia. Sonaban los alegres cascabeles mientras él cabalgaba a Camelot: y de su heráldica trena colgaba un potente clarín todo de plata; tintineaba, al trote, su armadura muy cerca de Shalott.
Bajo el azul del cielo despejado su silla tan lujosa refulgía el yelmo y la alta pluma sobre el yelmo como una sola llama ardían juntos mientras él cabalgaba a Camelot. Tal sucede en la noche purpúrea bajo constelaciones luminosas, un barbado meteoro se aproxima a la quieta Shalott.
Su clara frente al sol resplandecía, montado en su corcel de hermosos cascos; pendían de debajo de su yelmo sus bucles que eran negros cual tizones mientras él cabalgaba a Camelot. Al pasar por la orilla y junto al río brillaba en el espejo de cristal. «Tiroliro», por la margen del río cantaba Lanzarote.
Ella dejó el paño, dejó el telar, a través de la estancia dio tres pasos, vio que su lirio de agua florecía, contempló el yelmo y contempló la pluma, dirigió su mirada a Camelot. Salió volando el hilo por los aires, de lado a lado se quebró el espejo. «Es ésta ya la maldición», gritó la Dama de Shalott.
IV
Al soplo huracanado del levante, los bosques sin color languidecían; las aguas lamentábanse en la orilla; con un cielo plomizo y bajo, estaba lloviendo en Camelot la de las torres. Ella descendió y encontró una barca bajo un sauce flotando entre las aguas, y en torno de la proa dejó escrito La Dama de Shalott.
Y a través de la niebla, río abajo, cual temerario vidente en un trance que ve todos sus propios infortunios, vidriada la expresión de su semblante, dirigió su mirada a Camelot. Y luego, a la caída de la tarde, retiró la cadena y se tendió; muy lejos la arrastró el ancho caudal, la Dama de Shalott.
Echada, toda de un níveo blanco que flotaba a los lados libremente —leves hojas cayendo sobre ella—, a través de los ruidos de la noche fue deslizándose hasta Camelot. Y en tanto que la barca serpeaba entre cerros de sauces y sembrados, cantar la oyeron su canción postrera, la Dama de Shalott.
Oyeron un himno doliente y sacro cantado en alto, cantado quedamente, hasta que se heló su sangre despacio y sus ojos se nublaron del todo vueltos a Camelot la de las torres. Cuando llegaba ya con la corriente a la primera casa junto al agua, cantando su canción, ella murió, la Dama de Shalott.
Por debajo de torres y balcones, junto a muros de calles y jardines, su forma resplandeciente flotaba, su mortal palidez entre las casas, ya silenciosamente en Camelot. Viniendo de los muelles se acercaron caballero y burgués, señor y dama, y su nombre leyeron en la proa, La Dama de Shalott.
¿Quién es ésta? ¿Y qué es lo que hace aquí? Y en el cercano palacio encendido se extinguió la alegría cortesana, y llenos de temor se santiguaron en Camelot los caballeros todos. Pero quedó pensativo Lanzarote; luego dijo: «Tiene un hermoso rostro; que Dios se apiade de ella, en su clemencia, la Dama de Shalott».
Varios cuadros de los que formaron la Hermandad Prerrafaelita pueden apreciarse compñaeros haciendo de modelos. En esta ocasión son tres en los que se puede ver a Rossetti posando, para William Holman Hunt, Walter Howell Deverell y Ford Madox Brown. En la obra de Dewerell también está Elizabeth Siddal.
Rossetti aquí enseña su particular forma de plasmar la Anunciación, mucho más realista. En ella casi siemre solemos ver a una Virgen contemplativa, mientras que Rossetti nos la enseña de muy diferente manera, como recién levantada. El blanco virginal es el color que domina la escena. En esta ocasión los modelos fueron su hermano William y su hermana Christina. Rossetti tuvo problemas para plasmar en el oleo las llamas que salen de los pies del ángel anunciador. Como tantas otras, esta obra fue muy criticada en su momento, decían que era un ejemplo de perversión del talento, algo que en auqel tiempo había progresado mucho